Carta inaugural del Padre Carlos Barba
Elevación de la Hostia, Capilla de la Merced.
Queridos amigos de la tradición y queridos amigos de Laforja:
Inauguramos esta página de la Capilla de Laforja (Nuestra Señora de la Merced) como un servicio a la Iglesia y a la tradición.
Desde hace muchísimos años esta capilla se vanagloria de haber mantenido el rito tradicional contra viento y marea, siempre, eso sí, fieles a la Iglesia.
Nuestras puertas están abiertas para los amantes de la tradición. Aquí podéis encontrar un lugar acogedor donde vivir y asistir a la Misa de siempre. Sí, en medio de la gran ciudad, una capilla que entronca con la historia y el más genuino estilo tradicional, pero abierta a los que hoy buscan a Dios.
Os esperamos.
— P. Carlos Barba, capellán.
La Palabra de Dios no fue dada para halagar los oídos, sino para convertir el corazón. La verdadera libertad nace cuando obedecemos la Verdad y ponemos por obra lo que hemos oído.
Jesús resucitado anuncia la venida del Espíritu Santo después de Su regreso al Padre. El Paráclito iluminará, fortalecerá y guiará a los apóstoles y a toda Iglesia por los siglos hacia la verdad y la santidad.
Jesús resucitado se aparece a los apóstoles sin reproches, ofreciendo la paz y mostrando sus llagas como signo de su amor. Envía a la Iglesia a continuar su misión y concede a los discípulos el poder de perdonar los pecados y, ante Tomás, dirige una bienaventuranza a todos los creyentes futuros.
La curación del leproso y del siervo del centurión son signos del Reino de Dios y cumplimiento de las profecías mesiánicas. La fe viva, eficaz y operante como respuesta al Reino de Cristo, unida a la obediencia, la caridad y vida sacramental.
El Adviento debe servirnos para despertar el hambre del Mesías. Supliquémosle con amor, con confianza de niños, con arrepentimiento sincero, que venga a nacer en nosotros por su gracia.
Se acerca el Adviento y la Iglesia nos pone ante el Juicio final para despertarnos del sueño del pecado y, al mismo tiempo, abrirnos el tiempo de gracia para volvernos a llamar a la conversión.
Contemplamos la consagración de María desde niña. Antes de ser Madre, se entregó; antes de llevar a Dios en su seno, se dejó llevar por Él. La niña entró en el templo santo anticipando la entrada del Hijo en su propia carne.
Con los milagros de la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo, se nos recuerda que Cristo tiene poder sobre la vida y la muerte, invitándonos a vivir orientados hacia la eternidad.
Último domingo de octubre: Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey. Su Reino no es de este mundo, pero debe hacerse presente aquí para transformarlo.